martes, 5 de enero de 2016

LOS GENIOS QUE NOS GASTAMOS.


Por Virgilio López Azuán.

Hasta que ciertos intelectuales dominicanos en el país y dominicanos en extranjero se crean sabelotodo y malgasten tinta en disquisiciones pueriles en contra de otros: escritores, creadores, comentaristas, críticos, etc., la crítica literaria en nuestro país aportará muy poco al desarrollo de ese género. Eso también es parte del vacío intelectual, del existencialismo atroz, de la vanidad y la corriente "egocontinentalista" de unos y "egoinsularista" de otros. Los huesos de Pedro Henríquez Ureña gritarán en sinfonía con la de sus amigos el argentino Jorge Luis Borges y el mexicano Alfonso Reyes.
Hay opiniones y críticas, malas, pero muy malas, de eso están llenas las redes sociales. Pero para muchos, nada de lo que se hace en esta anodina “media isla” es bueno (entre comillas) porque no existe literalmente tal media isla, ya que es un argumento tan reduccionista como de utilización racista. En fin, puede funcionar como una metáfora despectiva. Existe una isla con dos repúblicas y nada más, desde el punto de vista geográfico. O sea, que los que dicen media isla estarían inyectados por paradigmas socioculturales capaces de contener fuertes cargas ideológicas en decadencia. Si bien, la crítica literaria en nuestro país, adolece de importantes fortalezas, existen profesionales bien preparados para el ejercicio del género. Al menos, de eso tengo constancia.

Lo que pasa es que muchos por tratar de trascender, lograr popularidad en las redes sociales; establecer cierto marketing, se valen de todos los argumentos hasta el denostativo con el objetivo de descalificar. La categoría de críticos resentidos hay que incluirla en el análisis de la evolución de la crítica literaria dominicana. Indudablemente.
La decadencia en la actual civilización, en el espacio “ciudad” quizá evocando a Eugenio Trías, ha provocado una ruptura no solo emocional, sino una crisis espiritual de carácter neoexistencial que se expresa en esos intelectuales sabelotodo.
Seguro que no faltarán las voces que critiquen, que me estrujen al rostro estas opiniones; que haciendo alardes de falsas y verdaderas; escasas y abundantes erudiciones, aportando un chovinismo crítico, destrocen, despedacen estas ideas, y a su autor.
Y pueden hacerlo, y no me molesta que lo hagan, ni que el síndrome de la patología “neolibertino” del pensamiento se manifieste al pie de esta nota. Y los que acostumbran a esta práctica, que no se amilanen, que se expresen. No existen maneras de crecer en todos los contextos, en todas las vertientes y pensamientos sin una buena crítica, fundamentada en la hondura que se requiere para alcanzar categoría científica.
Que esa crítica a las ideas y conceptos literarios alcancen la categoría de innovadora, artística, que le tapen la boca a Jorge Luis Borges. Porque ya todo es cita, todo de alguna manera alguien lo ha dicho. Hasta le hemos encontrado la “quinta pata al gato”, con los genios que nos gastamos.

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