jueves, 19 de enero de 2017

Un caso interesante de pronunciación: ¡Salud, salucita!


En un programa musical que se trasmite en Azua en horario sabatino, se utiliza la palabra “salucita”, y un “curioso” me preguntó que si el uso de esa palabra estaba correcto. Como no acostumbro a opinar de forma ligera, y menos cuando no estoy licenciado para hacerlo, como por ejemplo, en temas como lingüística y fonética, le dije que le contestaría en Facebook, sobre la plataforma de mi formación cultural.
En la evolución fonética de las lenguas existen historias muy deleitantes, capaces de apasionar a cualquiera que se interese por la cultura y la investigación. No está demás decir que el origen de las palabras guarda insólitos brotes de magia, mitos, creencias e historias del individuo humano, en el espacio abierto de la conformación del mundo.
Palabras con raíces místicas han influido en la conformación del pensamiento humano, y han impulsado grandes hazañas y encuentros de dioses, semidioses y de humanos en las cosmogonías primitivas y modernas. Basta una palabra, una frase, una arenga, para alentar a los ejércitos en las horas supremas de las batallas. Basta una palabra para arrancarle una vida a la muerte ensañada.
En el contexto místico, una palabra puede ser la diferencia para ir a la gloria o al infierno, una simple palabra ante un pelotón de fusilamiento es la diferencia. Entonces, por eso es el valor de la palabra, cosa esta que se ha venido perdiendo en los arranques de posmodernidad, que en su raíz es una forma subyugante de los explotadores contra los oprimidos.
Todo esto es para decir, que una pregunta como la que me hizo el “curioso” podría ser intrascendente. Declaro tajantemente que no. Es una pregunta muy importante, la cual me conminó, me estimuló y provocó una explosión de inquietudes que terminaron en estas reflexiones.

SALUD

No voy a profundizar sobre el origen etimológico, la ontología de su lexema, sus morfemas y evolución de la palabra “salud”, porque no deseo hacer un tratado de antropología de la lengua, morfología, semiología, o fonología. Pero balbucearemos con algunas reflexiones. Fijaremos la atención en la última letra o fonema /d/, el cual se define, desde el punto de vista fonético, como oclusivo dental (o alveolar) sonoro. ¿Y qué significa esto? , “que se caracteriza por una obstrucción total de la corriente de aire seguida de una liberación repentina de ella”.
Para la realización de este trabajo, sin utilizar un rigor estadístico de carácter científico exploratorio, hice el siguiente experimento: Seleccioné a diez personas y las puse a leer la palabra “salud”, que previamente había colocado en un cartel. Gravé en audio las pronunciaciones, y resulta que después de varias pruebas, la conclusión fue que al menos 4 personas pronunciaron el fonema /d/ como si la palabra terminara en /t/, 3 omitieron el sonido de esa consonante, y 2 la pronunciaron acorde con la explicación fonética antes expuesta para la letra /d/. O sea, que por lo menos 4 personas en la pronunciación de la palabra “salud” el sonido emitido era de tipo oclusiva dental (o alveolar) sorda.
En prueba de audición el locutor del referido programa radial sabatino utiliza también la forma oclusiva dental (o alveolar) sorda, a veces, de una forma muy explosiva.
¿Cuáles son las razones para que esto suceda? Las encontraremos en los sistema de enseñanza pública y privada donde los estudios fonéticos son prácticamente nulos, las encontramos en la dinámica de las relaciones interculturales, quizá en la evolución de los órganos bucales y linguales de los hablantes; o tal vez, en la evolución lingüística, producto de los procesos socioculturales. Ya se sabe que en regiones de España y en muchos lugares de Latinoamérica la pronunciación de la /d/ colocada al final de la palabra es totalmente omitida, carece de sonidos. Ejemplo: Usté, por usted.

SALUCITA.

Quizá esta palabra sea el centro de atención de estas notas. ¿De dónde sale la palabra “salucita”?, para decirlo de la misma manera que lo preguntó el “curioso”. Bueno, cuestioné al locutor sobre su originalidad, y me refirió que esa palabra no había sido creada por él, sino que la había escuchado de otra persona, y que le parecía bien bonita, (cosa que comparto), y decidió utilizarla en su programa “de canciones añejas, románticas, liricas, y que invitaban a un diálogo de enamorados” (la comilla es mía).
Hasta ahí todo va bien. Lo siguiente es que “salucita”, alude al vocablo salud y a su diminutivo. A saber, se puede inferir sobre tres palabras: Salusita [salucita, saludcita]. Lo correcto sería “salucita” con “c”, ya que en nuestro idioma todos los denominados diminutivos terminados en –cita o cito- siempre deben escribirse con la letra “c”, con la sola excepción de aquellas palabras que contienen una letra “s” en la última de las sílabas.
Bueno, es propicio decir que un bar muy popular en Azua en décadas pasadas, lucía un letrero grande en la calle, que decía “Mi Bosquesito Bar”, y cuando yo iba al liceo siempre observaba aquella palabra escrita incorrectamente, provocando en el adolescente un inquietud de purismo hacia el idioma. Ojalá que alguien pueda tener una fotografía de ese letrero y me la hiciera llegar. Sería interesante verificar, porque me parece que luego cambiaron el bendito letrero.

LA PLACA.

No me digan que molestoso, y a mi amigo locutor que no se me ponga guapo, porque lo aprecio, ¡solo ríase hermano! Observé que su auto tiene una placa que dice “Salusita”. ¡Ja ja ja!
En conclusión, la palabra “salucita” quedará en la historia de la comunicación de Azua, como una voz que por muchos años no podremos olvidar, gracias a uno de los mejores programas de esa naturaleza que se han realizado en la “Ciudad poesía” por décadas.
Creo que hay que brindar: ¡Salud, salucita!

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