viernes, 24 de marzo de 2017

CIRCULA LIBRO DE POEMAS EN AZUA

Virgilio  López Azuán y María de los Ángeles Méndez Roso 

Palabras sobre “Mente y Alma”, el libro de poemas de María de los Ángeles Méndez Roso.

VIRGILIO LÓPEZ AZUÁN

(Puesta en circulación del libro “Mente y Alma”)

El libro “Mente y Alma” que nos presenta María de los Ángeles Méndez Roso, consta con más de 65 poemas donde se expresan los pensamientos y los sentimientos con un lenguaje sin rebuscamientos y sin grandes artificios. La poeta logra expresar sus ideas con una poesía en prosa que bien soporta la partición para convertirse en versos. A veces son monólogos con una segunda persona amada, la cual estando lejos, en el poemario se refleja su cercanía, con pasión, ternura, furia y deseo. En el poema “Alucinando”, encontramos los versos: “Porque es así / con furia que arrecia te deseo / con miedo a perderme te aparto de mi / y con ganas de que estés a mi lado / siempre”. 
Previo está el acto de conquista, como una etapa natural con ribetes morales entre una pareja: “Sería fácil/ tratar de conquistarte / con las leyes humanas”.  Esa manera de querer cimentada en valores inculcados desde la familia.
En esa etapa se muestra la pasión natural de lo no poseído y el estado de “locura “de los enamorados: “Sería fácil entregarme/ solo al susurro de tus palabras”.
Como en casi todos los casos de una relación amorosa, expresada a manera de versos, se evocan todos los momentos: los alegres, los tristes, los pasionales, los tiernos, los sugestivos, y otros tantos más de la misma naturaleza. En el poema “Roca o mariposa”, leemos: “Que esta inspiración / que aún es tierna /  permanecerá en el tiempo / a pesar de las heridas / que hoy han sido abiertas”. Como se aprecia, es una etapa difícil de la relación, a todos nos pasa, donde a pesar de las dificultades o los problemas, la “inspiración sigue siendo tierna”.  Envuelve este verso el perdón, la tolerancia, y ese sentido de fidelidad al sentimiento profeso.
No vayamos lejos, la poeta se entrega a su deseo, a liberar sus pasiones que parecen retenidas desde lo social, como sucede en el poema, “Besos inagotables”. Veamos: “Mil besos que te digan que te quiero / mil besos que te digan que te extraño / mil besos que te digan que te espero / besos que duelen / por la cruel distancia que nos separa”.   En este último verso, la poeta lo deja claro todo: el ser amado se encuentra lejos y lo separa la distancia. Esos besos se pueden resumir en uno solo, y en él van todos los besos del mundo: “Un beso / único beso profundo eterno / un beso que trascienda el universo / un beso que detenga el tiempo / y allí estaré / solo tuya”.
Como se aprecia es la expresión de la entrega, de la pasión en torrente. Parecieran estos versos como si fueran escritos en el fragor de la adolescencia, para el amor primero, con la concepción cultural de que solo existe en la vida el amor único y de ahí para allá que entre el mar.
La historia no acaba ahí, no estamos hablando de una relación amorosa e ideal, no. Hablamos de una relación amorosamente humana, donde en cualquier momento todo se desploma, como aparece en el poema: “Me cansé de ti”, cuando dice: “No me dejaré arrastrar hacia el abismo / no caeré en el juego mortal de tu seducción / me trastorna tu egoísmo / pero mi instinto será mayor”.
En el libro encontramos amor, indiferencia, sufrimientos, esperanzas, soledades, preguntas, respuestas, ante el acto de amar. Todo esto y mucho más, está contenido en el libro “Mente y Alma”. Estos versos traen consigo su carga: “El frío del invierno no se compara / a la indiferencia que observé en tu mirada / la soledad de la noche no se asemeja / ni a la distancia ni al silencio que existe entre los dos”.
En fin, en este poemario, le lector encontrará una gama de pensamientos y sentimientos, expresados con una inspiración enamorada.
Les invito a que lean “Mente y Alma”, como muestra poética de una mujer que hizo un desdoblamiento poético para traernos uno versos que pueden evocarnos momentos de nuestra vida personal. Es un canto al amor y la pasión una catarsis para sobrevivir a la distancia que la separa de su ilusión.  Es una declaratoria de amor, que nos envuelve y que nos toca.
Felicito a María de los Ángeles Méndez Roso, por su obra. Nos confirma que los azuanos, aunque estemos lejos llevamos la poesía por dentro.

Muchas gracias.

martes, 7 de marzo de 2017

MI DOBLE (CUENTO BREVE DE VIRGILIO LÓPEZ AZUÁN)


VIRGILIO LÓPEZ AZUÁN

Eddy me dijo muchas veces, que yo tenía un doble y que se llamaba Miguel. No le di mucha importancia hasta una mañana de domingo, cuando le vi muy serio y seguro de su afirmación. Lo confieso si reparos, la intriga me subió a los ojos, abrió las dudas y desde entonces me siento conturbado.

Para apartar mis pensamientos decidí ir a la iglesia como lo hacía todas las semanas: Me levantaba temprano, mojaba las plantas del pequeño jardín, y de paso, llegaba a la perrera donde Lasy me recibía con una canción danzante en la cola.

Sólo los domingos visitaba a Lasy, los otros días hacía la rutina de tomar el Metro y salir de Villa Mella hasta la Feria para asistir a mi trabajo en las oficinas de la Lotería Nacional. Allí era auxiliar en el departamento jurídico. Cumplía un horario corrido y por demás agotador. Debía velar porque se cumplan los procesos legales para la entrega de los premios a los ganadores de cada semana. 

Fue allí donde conocí a Eddy un señor de poca estatura y ventrudo. Vestía de negro como si tuviera una promesa a la virgen de la Altagracia. La primera vez él llegó alborozado, con una alegría indescriptible. Y no era para menos, se había sacado el premio mayor. Su entusiasmo fue contagioso.

La semana siguiente volvió con el mismo alborozo, también le había pegado al premio mayor. Para mí fue una gran sorpresa la coincidencia. Tantas personas jugadoras y no habían tenido la dicha de agarrar la colita del premio ni una sola vez en la vida. Pensé, este hombre es un dichoso, y él me adivinó el pensamiento, con una agilidad telepática. Me dijo: “Siempre dices que soy dichoso”. Lo revelo, quedé sorprendido, muy sorprendido de sus habilidades.

Yo no daba crédito a la suerte de Eddy, debía ser algo sobre natural. Él es un adivino de los números de la lotería. Eso es. Lo pensé cien veces, pero siempre concluía de la misma manera: “No, yo no creo en los adivinos, eso es pura suerte”.

La tercera vez vino con menos entusiasmo, ya se había acostumbrado a la rutina de pasar por el departamento a realizar los trámites para recibir su premio.

Eddy me invitó varias veces a conocerlo, o conocerme en mi doble, pero siempre algo me bloqueaba. Una cadena de sucesos se generaba a partir la invitación. Siempre yo decía: “Mañana le conoceré”. Una de esas veces cuando emprendíamos el camino, una llovizna hecha ventarrón azotó y nos guarecimos en la casa de Pablo el guitarrista y lo encontramos cantando la canción “Gatita Blanca” del poeta azuano Héctor J. Díaz. Y fue como si ese mismo momento yo lo hubiera vivido antes. Le pregunté a Pablo, ¿cuántas veces has cantado “Gatita Blanca” en este mismo lugar? Él me miró y me dijo: “No recuerdo, la he cantado desde siempre, nunca me he parado de aquí, solo he hecho esto: cantar ‘Gatita Blanca’ por toda la eternidad”. Él vio que fruncí el ceño y me dijo: “Tú también has escuchado esa canción infinitas de veces, debieras revisar tu memoria. Te veo entrar por esa puerta y te sientas en el taburete para deleitarte con los acordes. No es posible que olvides esta canción. Hace apenas unos minutos la escuché en la radio La Voz Dominicana. Por cierto, Héctor debe estar en cabina en este momento”.

El escepticismo apareció de repente y le pegunte a Eddy. ¿Somos reales? Él lanzó una carcajada y dejó ver sus dientes blancos y desparejos. ¡Claro que somos reales!,  –dijo. Las dudas empezaron a desaparecer y me sentí aliviado. Por un momento perdí toda la certeza de identidad, y volví en mí. Pero eso duró poco, me dijo, cuando conozcas a Miguel, dudarás de esta realidad. Él es igual que tú, es tu doble. Andaba por allí y hace unos años vino a recalar por estos lugares. Todo el mundo sabe que él eres tú.

No creía en eso que uno tuviera un doble igualito, y ¿si yo me encontrara con él, o sea, conmigo mismo, seguro me moriría de terror? Alguien me alertó: ¡Si vez a tu doble, ahí mismo morirás! A lo mejor te mueres por eso, por el terror de verte duplicado, otro tipo haciendo lo mismo que tú. Eso no cabía en mi mente. Por más vueltas que le daba, no cabía en mi mente. Me preguntaba, ¿tendrá las mismas ganas de fisgar a la vecina cuando está tomando el baño? Si es mi otro, entonces, ¿él tiene las mismas virtudes y los mismos defectos que yo? ¿Él vivirá con la misma mujer con la cual yo vivo? ¡Qué no se atreva a confundir mi mujer con la de él! Entonces… ¡Nos moriremos los dos! No pensaré más…

Eddy contó los billetes que le había entregado el cajero. Como lo hiciera en otras ocasiones, lo hizo ahora: me regaló uno de mil pesos, y como siempre, yo lo rechacé. Me dijo que debiera tomarlo porque era lo menos que podía hacer por mí. Si gozaba de atinar en la lotería, todo era por mi gracia. Eso lo decía en todas las esquinas donde hacían grupos los jóvenes. En algún lugar yo le revelaba el número que saldría en el sorteo.

Llegó el momento de conocer a Miguel. Eddy me lo mostraría primero para que votara el miedo. Me dijo, detrás de esa puerta está tu doble, prepárate para el encuentro. Nos acercamos, la abrió lentamente. Había dos personas: Miguel, un anciano, con sobreros y lentes como de ojos de botella, y otro joven que recibía unos billetes después de ganarse el premio de la lotería.

lunes, 20 de febrero de 2017

Casados alguna vez (Cuento breve)



Casados alguna vez

(Cuento breve)
POR VIRGILIO LÓPEZ AZUÁN

Estuvimos casados una vez… ¿No lo recuerdas? Fue antes del alzhéimer. No te culpo, también yo lo olvide. ¿Acaso el que padece esa enfermedad soy yo y no tú? Perdona, no recuerdo. Iré por una taza de té. No te muevas. ¿De qué hablábamos? Sí, cómo olvidarlo, te hablaba de los tiempos de la guerra, cuando Martín se apareció en la casa, herido de muerte. Mi madre lo curó con unas vendas para atajar el sangrado. Ya tú eras una viejecita que vivía los últimos días en un monasterio de clausura. Recuerdo que esa casona estaba en la colina camino a Peravia, y yo era el muchacho que regaba las flores en el pequeño jardín, sembrado en la parte atrás, cerca de un promontorio. ¿Qué cosas las mías? Hablando de la lucha por el liderato de jonrones entre Mickey Mantle y Roger Maris. ¡No me hagas caso! Esa fue una gran temporada, ¿creo que ya me había casado contigo? Yo aposté a Mantle, ese Maris para mí era un aparecido ante ese monstruo del beisbol. Aún conservo la rosa en el libro. Esa que me regalaste… No, la que te regalaría esa mañana, cuando te asomaste al portal del monasterio. Pensé que era una herejía, regalarle rosas a una mujer que soñaba con ser monja. Me la guardé para que no la vieras. La conservo en el libro del Quijote y hasta puedo asegurar que una vez vi a Dulcinea colócasela en el pelo. ¿De qué hablamos? Tú decías que estuvimos casados. Ahora… Ahora recuerdo, ¿cómo podría olvidarlo? Estabas bella esa noche, mi madre me mecía en sus brazos y tú tenías un hermoso velo blanco, esperando que yo hiciera mi aparición por esa puerta. Así fue, me aparecí elegantemente trajeado con un esmoquin negro, mi camisa con botonadura adornada y mi corbata de lazo. Entonces, al mirar los invitados, tu madre te mecía entre sus brazos, y yo me decidí a esperarte.  William, entró a la iglesia y boceó el jonrón 61 de Roger Maris. No fue en ese momento cuando nos casamos, porque miré y tomabas la leche del seno de tu madre. Eras una carajita, llenita de babas, que con ojos adormilados miraba mi corbata de lazo. Decidí quitarme la ropa que tenía puesta, no sabía exactamente de dónde venía con ese traje. Noté que mis manos estaban sucias del lodo del jardín, que había terminado el desyerbo, y no me lavé las manos. Saqué la rosa del libro y tuve que soportar la protesta de Dulcinea que ya se había hecho dueña para provocar a su caballero andante. Yo me pregunté ¿para qué me sirve esta rosa muerta? Las hojas del libro la tostaron y ahora empezaba a desintegrarse entre mis manos como polvo. Decidí a leer la página donde estaba la rosa, razoné que por algo estaba allí. Seguro marcaba la página donde me quedé en mi última lectura. No era así, un recuerdo como relámpago, me trajo tu figura. Tú estabas en el portal del monasterio y yo te entregaba una rosa. Solo eso, ahora no recuerdo nada. Quizá estuvimos casados alguna vez.

POEMA DE VIRGILIO LÓPEZ AZUÁN


Obsesión con el tiempo
Muerto el reloj en la puerta como a veces sucede
la vida se convierte en un refugio de minutos fugitivos
en un eco de minutos ya estancados, ya heridos
Muertos los minutos en tu pecho nadie notará
que los relojes son cascarones inservibles
escarchas en los picachos de la noche extendida.

Obsesionado tu cuerpo lleno de curvas y abismos
andará sin prisa los caminos forjados en la cama
los palacios soñados en un fondo invertebrado…
Y como triste muñeco dentro de los payasos
saldré con una lágrima gorda contigo en el paisaje.

Muerto el reloj dentro del tiempo rebelde
servirán como chatarras sus agujas antes agitadas
el cristal de la esfera no atrapara los sonidos
que la máquina dispara al voltear la arena.

Los amantes estarán agonizados de esperas
y el tiempo que estuvo obsesionado en tus senos
bajará a tus caderas con caballo trepidante
buscando las lluvias que anunciaron las aves.

Muerto el reloj como si yaciera derretido
encima de tu cuerpo volverán los minutos
como renacidos lobos hambrientos
a demandarte amante y más amante
dándole vida a todo en la agonía del tiempo.




El aprendiz (Cuento breve)





El aprendiz
 Por Virgilio López Azuán

Como me sugirió el maestro, me estiré el dedo índice. Pero nada pasó. Lo más natural en situaciones como esas era que el dedo se alargara. Más de cien personas realizaban el mismo ritual y tenían sus dedos largos como si fueran  elásticos. No era para menos, estaban gozosos, felices de haber entrado en ese  mundo. Sin embargo a mí me dolía el dedo de tanto halarlo.
Ahora es todo lo contrario, más de cien personas trataban de halarse el dedo y no lograban nada. Estaban muy molestos y pensaron que el maestro los había engañado. Al verlos, la curiosidad me invadió, y sin pensarlo, agarré mi dedo, y comencé a estirarlo. Inicié con muchas dudas, pero el dedo fue cediendo. Encendí mis alegrías y enseguida se apagaron, porque con emoción, me di un tirón tan grande que el dedo se hizo largamente desproporcionado.  Ahora lo arrastro y la gente me mira con asombro.
Agarro mi dedo y me lo lanzo al cuello como si fuera una bufanda, pero he descubierto que sigue creciendo. Me apresuro y voy en busca del maestro que no aparece por ninguna parte. Lo encontré, con su barba blanca y lacia, absorbía unos vapores de flores perfumadas.  Le fui a pedir explicaciones, pero el dedo había adquirido su normalidad. Me quedé callado. En cambio, él me dijo que era la quinta vez que yo había ido a ese lugar a preguntarle sobre el mismo dedo. Yo no recordaba ni una de ellas. Me explicó que eran muchas veces, la quinta vez que había pasado por allá, y él me decía lo mismo.
Ahora es que lo advierto, el maestro está más joven, las barbas son más copiosas y presentan menos canas. La calva la tenía menos pronunciada. Por mi parte yo estaba más viejo, me abatía el dolor de caderas y las manos me temblaban. Quise decirle algo, levanté la mirada y ya el maestro no estaba. En mi entorno más de cien niños halaban sus dedos como si jugaran. Yo me reconocí niño, sin dolores en las caderas y muy tranquilas mis pequeñas manos.
Hubo mucha alegría el aquel holgorio. Estábamos felices hasta que apareció el maestro que se arrastraba moribundo. Todos los niños callamos y a poco nos reconocimos ya grandes. El silencio se hizo largo y la bruma apareció por la magia. A todos nos creció el dedo índice hacia el cielo y el maestro poco a poco se fue desvaneciendo.  A todos nos tocó cargar un niño y caminando en fila, por la espesa noche, también nos fuimos desvaneciendo.  

domingo, 19 de febrero de 2017

QUIZÁ VIRTUAL (Cuento breve)




QUIZÁ VIRTUAL (Cuento breve)
POR VIRGILIO LÓPEZ AZUÁN

Sé que te mataré y tú también lo sabes. Será fácil la operación en este momento en que nos cruzamos, como dos locos virtuales o quizá ni tan virtuales. El cuchillo fue la herramienta que penetró a tu cuerpo y que vuelve, intacto sin ninguna mancha de sangre. Frisado, me pregunto ¿Cómo diablos el cuchillo no está sucio de sangre si te maté? Penetró en tu cuerpo y quedó brillante como me lo habían vendido en la plaza.
Ahora te veo y tú no estás muerto, ni yo tengo cuchillo alguno en la mano. Pero ya te maté, eso lo sabemos los dos. Ahora charlamos sobre un tema pasado y nos abrazamos como niños y nos despertamos ancianos en medio del mismo abrazo, pero con otros entornos. ¿Cómo pudiste llegar a viejo si hace tiempo que te maté, y tú y yo lo sabemos?
¿Acaso no te maté nada? ¿Acaso el cuchillo nunca ha existido y nunca pasé por la plaza? 
Me he frisado de nuevo. También tú te has frisado. Tengo la sensación de que hemos estado en este mismo lugar, con una diferencia: yo traía el cuchillo en la mano derecha y ahora no lo tengo.
No, quizá estoy confundido. Esta no es la hora de matarte. Pero te miro y estás ensangrentado. Parecieras que estás muriendo. Me arrepiento de haberte herido de muerte. Y me desespero y salgo corriendo como un loco, apretando un cuchillo que ya no tengo en la mano; yo soy un hombre de cuarenta y ahora tú eres un niño que juega en el pasto.
Me toco para ver si soy un hombre virtual, entrampado. Pero  nada, soy yo mismo y no caben discusiones. Voy al jardín donde tú juegas y te quiero topar, pero ya tu eres un viejo que riegas las flores. Me miras como si no me conocieras, y es donde me doy cuenta que ahora el niño soy yo, que solo quiere jugar en el pasto.
No había vuelto a pensar que te maté. Tengo la duda si yo lo hice, y tú tienes la duda si estás muerto.

viernes, 17 de febrero de 2017

Sancocho de crisis.

Por Virgilio López Azuán

La primera pregunta que me asalta al escribir estas notas es: ¿Está la sociedad humana en crisis? De repente podríamos afirmar que sí, vista desde un ángulo sociológico, tomando en cuenta las variables que definen la crisis en esa ciencia. Otros prefieren afirmar que no es la sociedad la que está en crisis, sino los individuos humanos que conforman esa sociedad. Esos la definirán desde la filosofía o la axiología. ¡Claro! Existen otras plataformas y otras perspectivas de análisis para definir ese fenómeno que llamamos crisis, donde el individuo humano  y la sociedad constituyen un cuerpo. Pero, prefiero asumir este análisis desde una mirada compleja.

Todo relaciona a la crisis, no existe nada que se desvincule de ella. En ese sentido las responsabilidades son compartidas, en menor o menor grado según la relación.

Para los políticos de oposición la crisis de la sociedad está en el gobierno de turno, y no dejan de tener razón. Para políticos del poder, está en los pasados gobiernos, en los problemas mundiales, en los desafíos de los nuevos tiempos y en otras causas. Tampoco dejan de tener razones.

Cuando definimos los “culpables de la crisis” siempre buscamos a un segundo, a un tercero y hasta a un cuarto. Casi nunca hay una mirada individual e interior donde se auto establezca responsabilidad alguna.

En esa misma sociedad hay crisis política, de valores, de educación, de mercados, de salud, de ambiente, y más. Hay un sancocho de crisis en las sociedades actuales. En todas. Cuando un hecho no genera la causa principal, la genera el otro.

El individuo humano ha creado un mundo en crisis, y ese mundo, tiene la fortaleza para poder reestablecerse. Existen las capacidades humanas para hacerlo. También, se generarán las emergencias necesarias para enfrentar los retos y los desafíos en los tiempos.

Pero ¿hasta dónde se está haciendo el esfuerzo para producir las emergencias que nos sostengan como especie en el planeta? Un camino ha sido a través de la ciencia y el desarrollo de las tecnologías. Los avances han sido incalculables, pero los riesgos tienen la misma dimensión.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, planteados en septiembre de 2000, en la Cumbre del Milenio, no son más que algunos de los grandes desafíos, a sabiendas que se generarán otras necesidades para la sociedad humana, de otras magnitudes y hasta superiores a las planteadas en los documentos de la ONU.

El proyecto de sociedad humana que incluye las éticas, las virtudes, el poder, la violencia, el amor, las normas, los intereses, y todas las ideas y sentimientos, que se pueden dar en unas relaciones entre individuos, está sujeto a crisis, a decadencias y resurgimientos. Es parte de una cultura humana con infinitas posibilidades.

Los acuerdos a lo interno y a lo externo de las sociedades generan compromisos para manejar las pasiones, los desbordes y de esa manera hacer uso racional de las cosas en las maneras de vivir juntos, que no es más que la base de una ética con raíces en la antropología de la palabra.

Esos desbordes en los individuos humanos, en su conducta, en su manera de ser,  producto de la infinitud en la ontogénesis de la especie, es lo que se debe atender. Desde tiempos inmemoriales se atiende a esos desbordes, ya sea por medio a las creencias, la fe, el poder, la moral, la ética y otras formas de contención.  Incluso, las guerras han sido tomadas como medio de contención de esos desbordes, siendo las guerras formas indiscutibles de desbordes.

lunes, 13 de febrero de 2017

Una metáfora llamada Media Isla



Por Virgilio López Azuán

Cuando se hace referencia a la República Dominicana en términos geográficos con respeto de Haití, lo común es que se diga “Media isla”, como si se pudiera concebir el concepto de la mitad de una isla. A juzgar por su definición la palabra isla es “una porción de tierra rodeada de agua por todas partes”. Entonces, por “todas” las partes debe haber agua, y eso no pasa en el caso de la República Dominicana.
Recuerdo muy bien una adivinanza vieja, pero buena. Si un hombre hace un hoyo en un día, ¿cuántos hoyos hará en cinco días y medio? Bueno, contestarán de prisa algunos, y esa es la trampa: “Hace cinco hoyos y medio”. El interlocutor les dirá: “Totalmente falso, pues no existe medio hoyo, son seis hoyos, esa es la respuesta correcta, porque nadie hace hoyo”. 
Entonces, no existe tal concepto de media isla, como no existe medio hoyo. Pero… ¿cuál podría ser el origen de esa frase? Si indagamos, no existe un documento oficial donde diga que la República Dominicana o Haití sean media isla, indistintamente. Quizá podamos encontrar expresiones como esta: “La República Dominicana está colocada en la parte oriental de la isla de Santo Domingo”.
¿Cuáles hechos o fenómenos se pueden describir que apunten a la certeza de que ambas repúblicas, en cada caso, sean llamadas media isla? ¿Dónde tiene su raíz cultural?
Ya dijimos que aplicado al territorio, no está correcto decir media isla. Es una metáfora. ¿La idea fue generar una diferenciación entre los pueblos de la República Dominicana y Haití? ¿Sobre cuáles bases ideológicas e intereses cimentaron esa idea? O ¿El concepto de media isla surgió de manera espontánea de las voces del pueblo, generado por la línea divisoria de la frontera, que los dibujantes le hicieron el mapa para delimitar ambos países?
En voces autorizadas académicamente y del pueblo dominicano, la palabra isla no es de uso frecuente en el vocabulario común. Somos “media isla” y ya. “Ustedes allá (refiriéndose a Haití), y nosotros acá”. Aquí hago un alto. La frase: “Ustedes allá y nosotros acá”, envuelve una gama de significados culturales, patrióticos, discriminatorios, excluyentes; de odio, apego, desapego, intereses… Todo por las raíces históricas, económicas, políticas, lingüísticas, culturales y sociales de ambos pueblos.
En el imaginario del sureño dominicano gravita la idea de que los haitianos dicen que “desde las montañas del Número en Azua, para atrás, ese territorio de ellos”. Por varias décadas, desde mi estancia en estudios primarios lo escucho. Y también escucho al azuano decir: “Si del Número para allá es de ellos, que vengan a cogerlo (refiriéndose al territorio) porque les haremos lo mismo que en la Batalla del 19 de Marzo del 1844, que les ganamos”.

Indudablemente, que el caso de la división de la isla de Santo Domingo, no es el único. Hay muchas islas que son compartidas por dos países. Como por ejemplo el de la isla Dall, “la 28ª isla más grande de Norteamérica que está situada en el archipiélago Alexander, en la costa suroeste de Alaska. La comparten los Estados Unidos y Canadá, siendo la única isla marítima dividida entre ambos países”. Otro caso es el siguiente: “la isla de Irlanda está políticamente dividida entre el Reino Unido (Irlanda del Norte) y la República de Irlanda”.

Cuando estudiamos a República Dominicana como país, tenemos que inferir en que es “insular”, de isla, no “media isla”. Repito, como país, la República Dominica es insular, como lo es Haití, Antigua y Barbuda, Bahamas, Barbados, Cuba, Dominica, Granada, entre otros.
¿Cómo piensan los habitantes de la República Dominicana? ¿Cómo universales, insulares, o medio insulares? ¡Caramba! Ahora se complica la cosa. Todos sabemos que existen categorías para describir los tipos de pensamientos. Pero… ¿Cuáles serían las categorías para definir el pensamiento medio insular, si este pensamiento existiera? Esta sería una tarea para sociólogos, filósofos, culturologos, lingüísticos, etnólogos y quizá neurocientíficos.  
¿A quién beneficia el concepto de media isla? Quizá algunos pensarán que refuerza la identidad del dominicano frente al haitiano, y en pro de ese reforzamiento el pensamiento cultural es ampliamente manipulado por sectores ultranacionalistas y conservadores. Podríamos estar en una situación de defensa de identidades con propósitos políticos, por intereses diversos o puramente por apego a preceptos ideológicos ya superados. Quizá esto, también tenga que ver con la fragilidad cultural en la definición de la identidad del pueblo dominicano. No hay que ser erudito para concluir que a los dominicanos se nos están yendo de nuestro acervo muchos elementos identitarios; en nuestros patrones de comportamientos, en nuestra música, en nuestras modas, en nuestro urbanismo, y sobre todo, en la manera de vivir juntos.
Alguien dirá, es que los tiempos van cambiando, es la influencia de las tecnologías en el avance de la humanidad, los cuales generan esos comportamientos. ¡Claro! Pero los cambios suelen tener su plataforma identitaria, y su aporte a la humanidad, es parte de la variedad en el mundo diverso. La mayoría de los estudios apuntan a que el pueblo haitiano es más apegado a sus raíces y su cultura. Algunos argumentan que eso mismo es lo que los tiene sumido en el atraso, en una situación de inviabilidad. Sí, el estado haitiano puede ser inviable, pero el pueblo no. El pueblo es la víctima que solo por sus apegos culturales ha podido sobrevivir a corruptos, a dictadores, a hambres, a terremotos, sin un desborde migratorios de magnitudes escalares a la otra “media isla”.
Me parece que la metáfora “Media isla”, se entroniza en el pensamiento colectivo y genera imaginarios de segregación más allá del mismo concepto de insularidad. Como no soy concluyente, ni puedo serlo en estos rozamientos, apelo a que los entendidos hagan sus aportes. Dije, los entendidos.