jueves, 7 de enero de 2016

Lenguas y Culturas: una aproximación.


Por Virgilio López Azuán

(Siguendo el debate con el escritor dominicano, auto proclamado o nacionalizado ruso, R.A. Ramirez-Báez)

Tengo un amigo, (porque siempre seré su amigo hasta que él me lo permita, no importan las diferencias de actitudes, aptitudes, opiniones, visión sobre la vida, la literatura y las ideas de las sociedades que cada cual tenga) que categoriza de superior al idioma, lengua y la cultura  rusa versus el idioma, lengua y la cultura española. Esa opinión la respeto pero no la comparto. ¿Puede en la dimensión cultural de un idioma, lengua o una cultura ser superior a otra? ¿Existe alguien con autoridad para decir que un idioma, lengua o cultura es uno superior del otro? No existe sin el criterio de la jerarquización. ¿Pero quién jerarquiza? ¿Quién autoriza esas escalas jerárquicas? ¿Quién manipula esa jerarquización y con cuáles propósitos? ¿Cuáles son las categorías seleccionadas para esa jerarquización, y qué importancia tiene el momento histórico en que se desarrollan y se analizan? No creo que el ruso sea mejor que el español, el árabe peor que el inglés, etc.
Quizá en otros momentos de la historia estas preguntas carecerían de sentido, pero no ahora. Solo hay que meditar un poco para hacer las inferencias.
Ahora bien, el origen, desarrollo y desaparición de una lengua, es un proceso humano y social. Muchas lenguas y formas de lenguas han tenido su auge, han nacido, se han desarrollado y hoy son lenguas muertas. Surgen otras por la dinámica de la vida en sociedad y ha sido así desde estadio primitivo hasta la postmodernidad. Lenguas y culturas se establecen, se inter fecundan, se imponen y hasta desaparecen producto de los procesos migratorios, climáticos, guerras, hegemonías, etc. Pero concebir en esta etapa de la evolución del pensamiento humano a un idioma superior a otro, eso es lamentablemente segregacionista y discriminatorio de las culturas.
No es verdad que la cultura occidental sea mejor que la oriental y viceversa. Los juicios de valores son tan peligrosos como culturales, tan éticos como inmorales. Las diferencias que existen entre principios y valores entre una cultura y otra, las definen la concepción ético y moral de las sociedades, sus ideas rectoras, donde la religión ha jugado un rol determinante para establecer campos hegemónicos y de enajenación.     
Si bien, el carácter insular de la Española y sobre todo que el idioma español solo se habla de forma generalizada en la parte Este de la isla producto las contiendas colonialistas, culturales, políticas, sociales y económicas a lo largo de su historia, bien es cierto que no se puede denostar al idioma por su evolución en un "pedazo de isla" localizado en el planeta tierra.
Dicho sea de paso, el aporte de la isla Española a la evolución lingüística ha sido importante incorporando vocablos arcaicos y modernos que han abierto nuevos espacios de expresión, nuevas formas de auscultar el mundo y su realidad.  
Los vocablos aborígenes, africanos, latinos y de otras lenguas han inyectado al idioma español formas claves en la conformación de identidades personales y colectivas.
Este escrito no tiene que ser, ni debe ser de carácter hispanófilo, porque se sale en defensa del idioma español, nadie ignora cómo ha sido utilizado este idioma para establecer hegemonías culturales, religiosas, políticas, económicas, entre otras. No tiene la intención de categorizar como mejor o peor a una lengua o idioma. Esas enfermizas maneras de defensas no caben en nuestras prácticas académicas y filosóficas, pero la excusión de sus aportes sería un objeto de miopía intelectual y una negación a nuestras identidades, de las cuales para bien o para mal somos parte de su producto.
Nuestra lengua materna, el español, nos enseñó de su riqueza expresiva. Aunque la historia hable sus crueles verdades en la conformación de la cosmogonía lingüista de la isla y toda américa, renegar el idioma español es renegarse a sí mismo, como en el caso que nos concierne que nacimos en la isla Española.  
El aporte del idioma y de la cultura rusa al mundo literario es indudable. La forma de cambios en los paradigmas humanos, de concebir las sociedades modernas ha puesto de manifiesto muchos de sus aciertos y  muchos de sus yerros. Más de doscientos millones de hablantes es una muestra de la importancia de ese idioma, pero las barreras que tiene la sociedad rusa por medio de su idioma, por su complejidad, ha impactado mucho en su crecimiento y en sus hablantes. ¡Claro! Esto también tiene una lectura política y cultural entre las causas de esas limitaciones.
No caben dudas que en la evolución de una lengua, el tiempo histórico, las guerras, las emigraciones y las maneras de vivir juntos amplían sus aspectos semiológicos,  semióticos y semánticos, dando espacio a parte de su evolución.
El idioma de Tostoy y Dolstoyesky, ofrece un abanico de posibilidades y campos realistas e interpretativos para conocer la condición humana, sus emociones, sus relaciones de poder, su filosofía; sus alcances y limitaciones.
La poesía, la música el arte en sentido general, tienen sus propios lenguajes. La literatura tiene como materia prima la palabra y sus construcciones. El escritor debe manejar el idioma en el que escribe, ser capaz de trascenderlo, importantizando sus raíces culturales convertidas o no en patrimonio. Debe el escritor contar o cantar sus pensamientos y sentimientos; buscar las maneras de construir lo nuevo sobre sus propias plataformas cognitivas.
He escrito poemas en inglés, pero mí capacidad (que siempre será limitara limitada en cualquier idioma hasta en el español) no me permiten capturar los registros íntimos que desearía dar a conocer como lo hago en mi lengua materna. Porque hay cosas para mí que solo pueden ser conformadas en mi propia lengua. Es que no se puede arrancar y mostrar como flores los paraísos no vividos, o aquellos que conformaron las propias vivencias, acompañado por los microcosmos fraguados por ellas, o por los macrocosmos imaginativos.
Suelen haber traducciones muy buenas, pero otras son frustrantes y hasta deformantes. Existen imágenes y construcciones del pensamiento en una lengua que no son capaces de soportar una traducción por más fino que sea el traductor, porque el abismo de la memoria genético-cultural, por decirlo de alguna manera, de dos lenguas distintas puede ser insondable para el mismo campo expresivo.
Tengo entre mis manos la obra Gouverneurs de la rosée, versión en francés y la misma novela “Los Gobernadores del Rocío” versión en español, del novelista haitiano Jacques Roumain. Aunque la versión al español se podría considerar bien lograda,  de su versión francesa omite registros de carácter estético, capaces de cambiar los giros de las imágenes y significantes que pretendió el autor plasmar. Lo mismo confirmé con la versión del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, adecuada a español moderno y otra versión muy interesante escrita en versos. O sea, que hasta en el mismo idioma se pueden presentar multiplicidad de opciones creadoras de campos de expresión, para no decir mundos multívocos.
No es lo mismo la lectura que le da un intelectual ruso a la novela del Quijote en la versión traducida al ruso, que la que le da el lector de habla hispana a la versión en su lengua materna.
No es la misma, la lectura que le da una mujer de veinte años a la novela María de Jorge Isaac;  que sufra de epilepsia (enfermedad que ronda mi casa) y que su marido está en la guerra,  que la lectura que le da un hombre jubilado de sesenta años. No es lo mismo. Ni las experiencias vividas de la mujer son las mismas que las del hombre. El estallido emocional y las realidades interiores y exteriores de una persona no son iguales a la de otra. Serán percepciones distintas, serán perspectivas diferentes de interpretación y sensación.
No es casual que dos personas con “la misma” formación política le guste más a uno las canciones de Joan Manuel Serrat y al otro, las canciones de Víctor Manuel San José Sánchez. Los gustos y preferencias en el campo estético son tan subjetivos como individuales.
Eso lo medité hace mucho cuando releía a Ana Karenina de León Tostoy, Crimen y Castigo de Fedor Dostroyesky, la Divina Comedia de Dante de Aleighieri, los poemas de Baudelaire o los cuentos de Poe. Lo hice en mi etapa juvenil, bisoña, con escaso “back groun” y conformación del pensamiento literario ¡Claro! ¡Carezco del don de la genialidad! Después de muchos años de leer esas obras he tenido que releerlas, desaprenderla para volverla a colocar en el espacio más justo de acuerdo a mis siempre limitadas capacidades acumuladas a lo largo del tiempo.  
Y volviendo a lo anterior, no es lo mismo leer la Divina Comedia a los catorce años que a los cincuenta cuando a lo largo de la vida pueden desfilar caravanas de conocimientos filosóficos, teológicos, metálicos, científicos que dan otra base interpretativa de la obra. Ya el infierno narrado por Dante no es el mismo que el narrado por los hebreos.
Nadie ignora la evolución que registra el cerebro en los campos lógicos, estéticos, culturales, ideológicos, etc., en toda la vida. Lo penoso es que también cabe la decadencia por las múltiples frustraciones, por las ideas truncas y las metas inalcanzables que azuzan el egocentrismo humano.
Es por ello que nunca tendremos la palabra aunque tengamos un diploma rojo Suma Cum Laude en Rusia o un doctorado en España.

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