viernes, 4 de diciembre de 2015

Poema de Virgilio López Azuán



Arrebatos

Todo tiempo se estira hasta la orilla
se envuelve en la furia de la carne
para volverse a estirar bajo el crujido
bajo el telar de las horas transcurridas.

Todo tiempo se ahueca para poseernos
en su vientre y su vacío de vegetales
engullido en un vórtice olvidado
proyectado en los sueños del reloj.

Todo tiempo es una onda perforada
por las palabras y los recuerdos,
imago de la sustancia hecha reflejos
máscara que retoza entre los dedos.

Quizá ya no lo entiendas, ni yo tampoco
que entre tantos estirones ya nada quede
solo el humo de maderos abrasados
una tormenta de elementos que levanta
aquellos secos protones de la infancia.

Quizá ya no entiendas, de la vida el maderamen
ni yo tampoco, aquellos arrebatos blandos
porque el tiempo es una onda perforada
con las huellas de los dedos colocadas              
en la blanca noche que en esta orilla se refugia.    

Todo tiempo nos posee y somos seres engullidos
seres regresados en un viaje de átomos amantes
en rastro crepuscular de los  caminos.
Y entonces,  en aquellas constelaciones blancas
seremos éxtasis, del beso estremecido.

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