sábado, 27 de marzo de 2010

LA TERNURA

AUTOR: VIRGILIO LOPEZ AZUAN
POESIA DEL EFLUVISMO

Ternura que te escondes en las manos, sal a la calle y toca el rostro de los niños, emite tus estelas y sana todos los golpes que nos han dado. Envíanos las sonrisas perdidas, memorias de amigos, luces de ermitaño. Saca de las piedras el sol estrellado, y en los cristales juega a inventar mariposas reflejadas. Hola, ternura, súbete a los cuerpos para que la piel se enamore del corazón y los sueños. Prende hogueras en el bosque de pestañas vibrantes. Danos tu amistad que tanto tienes. Lanza tus ángeles y despiértanos los caminos sin la abulia y el hastío. Ternura que te escondes saca tus peces a la hora del olvido, en botellas vacías de auroras, delirios andantes. Saca resinas y cenizas, saca la vida podrida en los extraños meandros del miedo. Nos hemos quedados quietos, esperando que alguien nos encuentre a la orilla del río con nuestros ramitos soñados, indicando que los hombres sin sonrisas y sin las manos llenas de ti somos bestias que ladran a la luna. Ternura de mares, de olas acostadas en las playas quietas. Ven, inunda las camas y las casas, el pensamiento y la resaca, deja tus encantos en estas palabras que invocan tu silueta de pájaros multicolores, de picos y plumajes radiantes. Ven, ternura súbete a la voz de los ecos y repite en las grutas que estamos vivos como huéspedes andantes del fuego. Ven ternura, sírvenos sopas y amapolas, lava los torrentes de piedras viajantes en el derrame de los sentidos. Tú que tienes relámpagos callados para despertarnos, estrellas en las noches que van más allá de los fondos. Llena la vida de tus melazas, despoja las máscaras que trajo el miedo, y en la alberca baña nuestro espíritu con el incienso de Galilea. Despiértanos los Borges y emplaza a Freud para que hagas vomitar a Sartre. Oh, ternura, no olvides llevarte los paraísos de Bretón, y llevarle a Dante a su Beatriz caminante. Ven con tus quenas a cantar con tamboras el merengue con sabor a plátanos fritos. Ternura, que llueva sobre Marruecos, y en los libros salgan los secretos del mar Muerto. Préstanos tus maravillas a esta hora en que todos duermen la siesta enajenada. Ven, ternura nuestra, para votar los cuchillos, los instintos de lunas que navegan en el cielo.