viernes, 13 de enero de 2017

¿Hablamos de cerdos o palomas mensajeras?



El caso Odebrecht en República Dominicana, presenta una buena oportunidad para que la justicia asuma sus funciones sobre la base de las leyes y el buen proceder, sin las miradas privilegiadas del poder político, económico y social del país. Como noticia se ha ventilado la declaratoria del señor Angel Miguel Rondón Rijo, quien dijo haber recibido 92 millones de dólares por parte de la empresa por los servicios prestados en el país, o sea  cerca de 4, 500 millones de pesos. Se da a entender que esos pagos al señor Rondón se han hecho en buena lid ya que el concepto es por servicios prestados. Ahora bien, ¿qué se hace con más de 4, 500 millones de pesos en un país como la República Dominicana? ¡Waooo! Olvidemos que la inversión sea en las necesidades demandadas por el pueblo. Enfoquemos la mirada en lo siguiente: ¿Todos esos cuartos son para el señor Rondón? Si es así ese negocio como de lobista es de los más lucrativos del planeta. Ahora bien, para la realización de obras en un país debe llenarse algunas formas legales, presupuestarias y la decisión de los sectores del poder político que son encargados de este tipo de acciones nacionales.
¿Quiénes pudieron beneficiarse de esos 4,500 millones, para hacer “líquida” las operaciones legales y las facilidades en cuanto a las licitaciones, otorgamiento y el desarrollo de la obras? El gobierno dominicano ante la situación de escándalo internacional con la firma Odebrecht ha iniciado un plan que algunos lo encuentran parcial porque solo se limita a la planta de Punta Catalina, otros entienden que pone en tela de juicio las competencias de justicia dominicana para asumir tal responsabilidad, y los más críticos, que es producto de una desesperación gubernamental debido a la empresa de corrupción que rige en la República Dominicana.
La formación de una comisión de “notables”, de “mansos y cimarrones”, viene a ser, a mi juicio una medida de alta política del presidente Danilo Medina, que los sonidos de sus tambores se podrán escuchar más allá del 2.020. ¡Claro! Dependiendo del papel de los “notables”, sabiendo que los antecedentes de muchas comisiones formadas por los gobiernos, escarcean, pitan y luego se diluyen. Sin embargo, el beneficio de la duda debe estar presente y apostar al éxito de las indagatorias, tanto de la comisión como por parte de la justicia dominicana. No hay ser tan pesimista, aunque sugiero que nunca se pierda el escepticismo, la sospecha de que todo puede pasar en la viña del Señor.
Lo que a veces preocupa es que muchos sectores con vuelos políticos, intelectuales y morales asuman una posición de laissez faire ante la gravedad de la descomposición moral de la nación, que los ejercicios de reclamos de los derechos se hagan, poniendo primero sus intereses personales y grupales, dejando a la nación sucumbirse en la vorágine y el vértigo social. Que la arquitectura cerebral de la sociedad no esté basada en puntos firmes para la convivencia humana en armonía con el medio ambiente, capaz de generar las formas más asertivas para evitar la corrupción, la delincuencia y la degeneración en sentido general.
Nuestra sociedad necesita una revisión para identificar y procesar los “cerdos disfrazados de palomas mensajeras, / a Caperucita y a su abuela/ a Tom y Jerry y Cenicienta”, por referirme en una metáfora cantada, a todos los que tienen que dar cuenta a este país. Los  falsos revolucionarios y los derechistas,  los zurdos y ambidiestros,  el flaco y el feo,  los arribistas y los enquistados, los vocingleros y los callados. Todos.
Debemos evitar que la corrupción no sea "una empresa lucrativa", porque ya se está pensando cobrarle impuesto sobre la renta a los sobornos.

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