viernes, 25 de diciembre de 2015

Las cajas navideñas, la compleja cultura del desorden.


 Virgilio López Azuán

El mundo cristiano celebra en diciembre la navidad la cual evoca el nacimiento de Jesús Cristo. Este acontecimiento narrado en la biblia hebrea envía mensajes impregnados de valores éticos a las culturas humanas. Mensajes poderosos capaces de estremecer la simiente de las conciencias más involucionadas y transformarlas en actos de amor y solidaridad.
A lo largo de la historia donde se ha conformado el concepto “humano”, donde pensamientos éticos y morales han confluido, se han enfrentado, han sojuzgado y han moldeado maneras de convivencia, encontramos la complejidad de los individuos humanos frente a sí mismos y a los demás. Encontramos maneras que van desde la más absoluta expresión de amor hasta la barbarie encarnizada; el ruido enloquecedor de los tiempos y el soplo leve del viento sobre las aguas.
Quizás dentro de esa vorágine que es la vida, no podamos dar respuestas exactas al comportamiento humano a pesar del avance de la psicología, la piscología social, la psiquiatría y la filosofía como base de la sabiduría y la descripción de la esencia, discutida en todas las civilizaciones, antiguas y modernas.
Resulta difícil que no comprendamos la génesis de los fenómenos de masas, del comportamiento de las multitudes, de las reacciones culturales, de la fina tela sobre la cual descansa la dignidad. Que no entendamos las consecuencias de los métodos utilizados en la entrega de cajas navideñas al pueblo en esta amada República Dominicana.
Muchos gobiernos, de todos los partidos han utilizado los mismos métodos y el resultado siempre es igual: desordenes, personas heridas y muertos. En el caso de este año 2015 tres muertos y varios heridos.
¿Qué es lo que pasa?  Trataré de reflexionar, sin compromiso de llegar a conclusiones únicas. Lo hago ante lo que me causa ese fenómeno complejo que tiene cientos de lecturas, dependiendo de la perspectiva del enfoque: el partidarismo político, la economía,  el humanismo, la solidaridad, y sobre todo, la filosofía de entender los actos de humanos.
No se explica que desde el litoral de la acción gubernamental, y de los partidos políticos, en la entrega de cajas navideñas al pueblo se siga cometiendo los mismos errores años tras años. Parece que no existe una fórmula que solucione ese mal. No se sabe si es mejor utilizar el orden que el caos. Se recuerda que a principio de los gobiernos peledeístas, este partido verdaderamente organizado como institución política, entregaba las canastas navideñas por medio de sus organismos o comités de base. Pero ¡oh destino! Las entregas se realizaban a miembros y a veces en horas de la noche. Este fue uno de los principios para que desde el litoral del Partido Reformista Social Cristiano y su líder Dr. Joaquín Balaguer, inspirado en la extinta doña Rosita Fadul difundieran y popularizaran el mote de “Comesolos” a los peledeistas. Ese mote cayó con balde de agua fría y se convirtió en un arma de campaña en contra del partido morado y la estrella amarilla.
Poco a poco se fueron cambiando los métodos, aunque permanece la entrega por organismos y personas del partido, se agregó la entrega de estas cajas o canastas navideñas a las masas en plazas públicas, volviendo a las prácticas balaguerista y perredeísta.
 Siempre se presentan los mismos problemas, la distribución de las cajas promueve la corrupción y el favoritismo. Se utilizan las fuerzas armadas y la policía para el control de oleadas de personas que buscan las canastas en los camiones o lugares de distribución. Siempre las filas, los amontonamientos humanos, los empujones, el uso de la fuerza policial y militar, los insultos, los improperios al gobierno, la violencia, los heridos y los muertos.
Estas cajas navideñas contienen algunos alimentos que solo sirven para hacer uno dos comidas tradicionales en las casas, no más. Y la gente hace filas de largas horas y se aglomera: mujeres embarazadas, envejecientes, niños, personas con discapacidad y otros sectores del pueblo. Decenas de profesionales del “tigueraje”,  se dan cita, y se encargan de acumular varias cajas por encima de todo, con violencia y sin mirar maltratos a los demás. Eso es puramente indignante.
Pero ¿Qué lleva a un pueblo a que acuda en pasmosas multitudes a buscar estas “benditas” cajas? ¿Existe en el país tanta hambre que se arriesgue la vida humana detrás de una caja de alimentos? ¿El paternalismo cultural? ¿El pobre nivel educacional servido al pueblo? Pero ¿que ganan en popularidad los gobiernos con esta práctica a todas luces inadecuada? ¿Es que no existen otras maneras para hacer llegar estos “regalos” a los sectores vulnerables de la sociedad?
Parece extraño que años tras años sondeos estadísticos internacionales indican que República Dominicana tenga los niveles de “felicidad” más altos en América Latina. Eso es contraproducente, contradictorio, complejo y digno de un análisis sociológico científico, desafiante y esclarecedor.
Creo como tantos que lo que sí disminuiría este fenómeno es el fortalecimiento de la educación, la creación de empleos, el incentivo a la producción, la erradicación de la corrupción, la eliminación del paternalismo o cultura del “dao”, el fortalecimiento de los valores éticos y morales de la sociedad, las prácticas de inclusión en contra de la discriminación, la eliminación de los abismos políticos, sociales y económicos entre unos y otros. En fin, la creación de un pensamiento colectivo que elimine el individualismo y el “yoismo”.

La navidad debe ser un espacio de renovación espiritual y material como es la tradición. Es para forjar “ideas rectoras” que nos hagan ser ciudadanos del planeta con dignidad y respeto por la vida, a la naturaleza y al cosmos.  Que la navidad sea para el amor y la paz universal.

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