martes, 20 de diciembre de 2011

OPINIÓN




DESDE LOS ¨PARAISOS DEL CUERPO¨ DE VIRGILIO LOPEZ AZUAN HASTA MI DIVAGAR


POR: Bernardo Silfa Bor

Después de la lectura de ¨Paraísos del Cuerpo¨ del poeta dominicano Virgilio López Azuán he de exteriorizar y compartir mi parecer limitado sobre el texto. Limitado porque no existe la  intención en mí de ejercer actitud crítica alguna porque la crítica es territorio de otras lucidas capacidades que no me adornan. En estas breves líneas me limitaré a delinear y compartir las pulsiones que me ha arrancado su lectura y que no puedo dejarlas dentro de mí porque son excesivamente intensísimas y lacerantes.  
He de decir, entonces, que ¨Paraísos del Cuerpo¨ es una sencillez compleja en el discurrir de su discurso poético y en su estructura formal. Este carácter dual de compleja sencillez, a mi gusto, le hace ser un texto precioso, profundo, tierno, sensual, sencillo, intenso, grandioso. Un texto cristalino, mineral, vegetal, cárnico, real. Un poema enfático, vertebral, cardinal, fisonómico y cultural. Desde esas simplezas, este texto se dimensiona y se dinamiza hacia una textualidad en movimiento.
¨Paraísos del Cuerpo¨ es una dulce ascendencia del lenguaje al cuerpo. Es una deleitable sustancia que es huella y registro de un ir y venir polidireccional que se desliza inmisericorde por los túneles laberínticos del lenguaje hacia el cuerpo multiplicado en las voces y los ecos del gozo que tensa el espíritu ficcional de lo real. Estas especificidades las empezamos a  ver desde que el poeta inicia comentando que:
El cuerpo tiene siembras y cosechas, tiene la grama verde del jardín, tiene tantos abrazos perdidos, tantos besos… Tiene el cuerpo la ceremonia del infinito, del temblor prolongado en el fuego. Tiene cigarras cantando en la piel y nadie sabe por qué los latidos, por qué el tiempo se comió los relojes en la tercera puerta del adiós.

Desde aquí ya es un majestuoso tránsito geometrizando los infinitos recorridos posibles del cuerpo al lenguaje. Es un paraíso de escritura y existencia que nos habla y nos da al cuerpo como lenguaje, al tiempo que, al lenguaje como cuerpo. Dese ya se nos revela como una sistémica poemática, porque es la recurrente estética del poeta que respira y exhala el metalenguaje efluvista en la inalterabilidad del sabio. De ese sabio que sabe que todo  ¨cuerpo tiene otro cuerpo pintado¨ y que además, ambos,  tienen una ¨fuga de fuego, quemante del alba¨.
Profunda, veraz y antojadiza es la vitalidad de este ¨Paraísos del Cuerpo¨ en ¨la ceremonia del infinito¨ que se recrea desde el mismo texto en la diversidad lectural de su flora-fauna dialógica para sentenciar en cada impulso creativo esa realidad vital que endulza o amarga, abre o cierra, alegra o entristece, suaviza o endurece la existencia de cada instante de cada vida, en donde:

El cuerpo es la manzana, envidia de Eva, en los paraísos del árbol. Y las hojas, y las flores que perdieron en corazón al toque de las manos; y la tarde ensañada, viento que estremece la agonía de los tallos. El cuerpo tiene otro cuerpo pintado, fuga de fuego, quemante del alba. El cuerpo se agranda y se desgrana, se muere y se despierta: al toque de las ansias, como pájaro conmovedor.

Este ¨Paraísos del Cuerpo¨ junto a toda la poesía efluvista de Virgilio López Azuán teorizan y pragmatizan una  poemática de género en donde cuerpo y lenguaje, como universos de posibilidades, no son más que una de esas múltiples vías que el poeta usa para que nos adentremos y nos reencontremos en la juntura polidimensional de su decir, ya que:   
El cuerpo tiene sus montañas y sus raíces, sus zanjas y sus laderas. Tiene su lluvia y su sequía, tiene la quietud y la espera.

Así, la lectura de estos efluvios que se estructuran poemas en ¨Paraísos del Cuerpo¨ anuncia, muestra y refleja la madurez y la sensibilidad de una trayectoria construida búsqueda inagotable en la vigencia de un nuevo decir nombrado efluvista, porque:
Si baja los telones, si cruzas las piernas, el cuerpo está dormido, lloviendo en las praderas. El cuerpo tiene sal, azúcar y excremento, tiene pan, hambre y alimento.

Hemos venido observando que este decir de Virgilio se abre paso en la memoria históricoliteraria de la República Dominicana desde la funcionabilidad y la aceptación de su discurso en los ámbitos socioliterarios de las redes sociales  como facebook y desde los encuentros y las tertulias literarias entre escritores y poetas del país y el extranjero. También, y quizás la más importante razón, por la preeminencia que les han dado algunas esferas del saber crítico dominicano como la de  los jurados de  los concursos  literarios que han premiado su obra poética efluvista en los últimos años.  
Con este texto, ¨Paraísos del Cuerpo¨, nuestro autor, mantiene esa andadura estética filosófica de sus trabajos poéticos correspondientes a esa etapa creativa efluvista que le arropa cual manta de luz. Etapa virgiliana, que a mi entender, es la más profunda y la más humana en sentido de textualidad poética, porque:  
El cuerpo tiene miedo, valientes y dispuestos; tiene perlas, carbón y desechos. El cuerpo tiene el sol, la luna y los helechos. Tiene calma, bombas y pertrechos. El cuerpo tiene ramas, flores y amalgamas, tiene la gana de entristecerse y volverse flama.

Esta etapa efluvista de López Azuán es el eterno deseo de la permanencia vigencial del poeta en el tiempo y el espacio de la historicidad literaria.
El cuerpo tiene todo: los caminos de las montañas, tiene sierpes, tiene arañas, tiene mulas y conejos: el cuerpo tiene orejas, siempre largas. El cuerpo tiene ritmo, cuerdas y guitarras; tiene tamboras, violines y trompetas.

 En ese sentido he de afirmar, entonces, que su afanar se eterniza cada vez que gesta creaciones como ¨Paraísos del Cuerpo¨. Texto, éste, que reafirma mi convicción  de que el poeta es el mismo dios en la tierra del poema, donde es capaz de afirmar que:
El cuerpo es un esteta, que entona sonatas en el alma. Nada de imposibles, cuando el cuerpo tiene ganas, nada es eterno, el cuerpo se desgrana.  

Nada es eterno, mas se busca la eternidad desde todos los ámbitos de la existencia. ¿Será la escritura una entidad eterna?..

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