martes, 21 de abril de 2009

MEMORIA DEL BOLERO





Memoria del Bolero

AUTOR: VIRGILIO LOPEZ AZUAN

Más de cien años han trascurrido de que el bolero hizo su aparición en los escenarios, en la manera de vivir, en las expresiones del sentimiento y de la danza. Vino evolucionando, conformándose entre ritmos y añoranzas. Con esa carga lírica y romántica, se apoderó de las galerías expresivas del amor. El bolero se convirtió desde entonces en la manera más fácil para hacer volar las ensoñaciones, para combatir la nostalgia que construye soledades en el alma.
La lírica de las canciones hechas boleros nos traen esa carga de imágenes, que apuntan a los espacios sensibles, donde el amor trasmuta los sentimientos más altos, construidos en el corazón. Y allí deja la memoria, en el puro corazón; lejos de las redes donde las razones se matan entre diálogos y silogismos. Esa memoria levanta imágenes que creíamos perdidas, pero que estaban allí, lozanas, vivas; esperando que las hagan volar con las canciones de Roberto Yanés o de Armando Manzanero. Ese bolero, ese que cuelga como murciélago en las noches. Está allí, y lleva la memoria de todos los amores del mundo, de ese primer amor; del inconcluso, del prohibido y de aquel que se consumó con las notas de una guitarra.
El bolero se vestía de romance y se echaba a la calle a enamorar la luna en los charcos, su virginidad utópica y su soledad en el orbe. El bolero hacía bajar las estrellas y la tenía tan cerca que hacían comuniones de almas y soledades.
En la danza, el bolero une, aprieta, da golpes suaves de cintura, como si buscara fusiones, como si en ese momento, dos fueran uno, como si en las caderas volaran las formas animabas del afecto. En el bolero dos pasos se aceleran y el otro se hace lento, para girar a la izquierda como si se disfrutara del éxtasis, de esas sacudidas que estremecen el alma y los sueños.
Bolero es vuelo, de cuerpo y corazón latiendo. Bolero es la danza para apaciguar los infiernos del amor, esos benditos demonios que nos asaltan con sus garfios, con sus tridentes. ¿Quién no se rinde cuando escucha estas letras de Pedro Flores?: “Perdón, vida de mi vida, /perdón, si es que/te he faltado, perdón, cariñito amado/ángel adorado, /dame tu perdón”, o “Esperanza inútil/flor de desconsuelo/ porque me persigues/en mi soledad”.Nadie se escapa de esa catarsis, de esos ruedos que le sacan al espíritu, con su bies de nardos y azucenas. Ese es el bolero, es perdón, vida y ángel que se enamora de la nostalgia para mecer corazones enamorados. Si oyes un bolero, te meces en hamacas, en los hilos imaginarios de la ternura; en el rosa que trajo a tu memoria el arco iris. El bolero es cosecha de besos, de serenatas en los ventanales de de un poema. Bolero es irse y volver a recoger las nostalgias, en los pétalos de una pena que quiso ser amante de una guitarra.
El bolero está en la memoria, en los libros sagrados de una ilusión. El bolero está cuando el amor se va, cuando se queda en las puertas, atravesando los umbrales. Simplemente, el bolero recoge todas las congojas y las lanza al río para que se ahoguen en el mar, sin flores de desconsuelo.
Con más de cien años, el bolero es una niña que recoge flores en los cuerpos recién besados.
A nadie se le queda la sangre quieta, cuando pegados de la amante se baila un bolero. Las aves vuela, bolero. Y en la plenitud se deshacen las nubes de un abrazo negado, a media luz, cuando se está en cualquier alcoba.
Hoy brindo por el bolero, aunque los brindis nos hagan cursi. Hoy brindo por el “Amor Perdido” que se fue calle abajo una tarde sin tomar el café de las seis, porque “Que extraña es la vida” “Bajo un palmar”; porque “Quizás, quizás, quizás”, “Solamente una vez”, nos podamos enamorar para siempre con el corazón volando entre boleros. Por eso, dónde están ellos: Daniel Santos, Pedro Vargas, Benny Moré, Virginia López, Marco Antonio Muñiz, Bobby Capó, Armando Manzanero, Roberto Yanet, Amalia Mendoza, Lope Balaguer, Agustín Lara, Antonio Machín, Olga Guillot, Los Panchos, Chavela Vargas, Alfredo Sadel, Nat King Cole, Trío Matamoros, Rhina Ramírez. Dónde están en esta hora de boleros, cuando la memoria del corazón los evoca. Ellos están aquí, ellos son boleros. A pesar de todo, en todos los vuelos, en todos los amores, en todas las guitarras, en todos los pianos, en todas los cantos de corazón latiendo, vive el bolero.