martes, 31 de marzo de 2009

EN YAUCO, PUERTO RICO, LA POESIA ESTREMECE

POR Virgilio López Azuan


La bohemia empezó antes, con los cantos jíbaros, al son de la guitarra y las maracas, con versos repentistas, y letras de poetas y juglares. El canto se encendía, entre la cena y la noche que entonaba su voz de entrada a las calles de Yauco. Y entonces proclamamos que Puerto Rico vive en esas notas, en esos cantos. Nadie muere si escucha esos versos, nadie se marcha lejos si el Caribe canta, y vienen los recuerdos. Pedro Hernández y la canción Quisqueya nos envuelve, las décimas que flotan y las cuartetas se ciernen. Todo empezó antes de la cena, Namnun pide un trago, el whisky viene, a templar las notas de un músico perdido en el sueño, que no pudo dormir porque ya en la mañana era un viejo, de trasnoches sin quererlo.

Virginia en su mesa, baila a ratos el temblor de los versos que en canciones le llega, como traídos del cielo borincano, del campo verde. Rannel se hace el loco hablando con Ricardo como si lo conociera hace tiempo, y traman encuentros, y levantan la voz por el arte y por el pueblo.

Todo empezó antes de la cena, en la Casa Museo Alejandro Franceschi, palabras de Ángel Luís Torres Ortiz, Vice Alcalde, como parte oficial. Hablo Ricardo Cedeño y el excelente presentador que también declama. Después, las proclamas, café, libros y emociones, recuerdos y versos a las casitas del cerro. Todo empezó antes de la cena, con Clara, la Guía, hablándonos de la casa, del tesoro que la misma encierra. Nos paseó habitación por habitación, mostraba sus encantos, desde una ducha antigua, hasta la forma de llamar a la servidumbre. Desde el sistema eléctrico, hasta la ventana que mira a la calle, donde las muchachas hablaban con sus amigos, con pañuelos codificados, rojos y verdes, sabrá Dios con cuales mensajes para los enamorados.

Clara Morciglio habló de la casa y los murales, y cielo que en techo dibujaron. Habló de las habitaciones y los pintores; de sus dueños y sus hijas, de la cama y de los cuadros, de famosos frescos, con marcos en relieve, de finos colores y de magia pintados.

Vino entonces el tour por las calles, del centro hasta Barinas, la tarde estaba en su hora pico, Clara habló de todo, del Teatro Ideal, y la escultura del café, de la casa de Alcadía, de primer carro y el día de las madres. Habló de todo, de la Ermita y su origen, de las casas del alto cerro; del Cacique y la estación del tren, de la Logia Hijos de la Luz, del Parque Arturo Lluveras y del viejo cementerio. Habló del bosque seco, de los caminos viejos de Ponce a San German. Clara habló de todo, de Luís Muñoz Rivera y Doña Inés Maria Mendoza; del Paseo del Café y las escalinatas del pueblo, de la primera biblioteca y los certámenes literarios. Clara de espadas, los invitados atentos, el chofer cauteloso y el vice alcalde despierto. Me llamaron la atención tantas flores en los cementerios, con sus colores vivos, para mantener vivos a los muertos. Clara lo explicó bien, son venerados recuerdos. Hablamos de todo, de ingenios azucareros e inundaciones, de calabazas y floresta, del Coqui y sus canciones. Banca Kais Barinas se adueñó del barrio Barinas, vino a reclamar sus predios. La risa es de todos, el chiste revolotea, Rannel con sus ranneladas y el troli con los asientos más duro que el infierno.

La noche vino con aroma, la gente se agolpó al pie de los versos, el calor enciende, la atención se sonroja, la doctora Maria de los Milagros Pérez, hace milagros en la ceremonia, los menciona a todos, a TAINDEC y las profesoras, al pueblo y los artistas, mientras en las afueras algo se trama entre pinturas. El doctor Luís Arocho y su esposa Isabel nunca habrían de saber lo que nosotros tramábamos. Sorprendida la ceremonia, anonadada María de los Milagros. Nosotros asaltamos la noche para hacer algunos regalos. Platos, cucharas y tenedores de artesanos locales le entregamos a la pareja con versos revelados: Soy la cuchara, me gusta el bizcocho/ pero mas me gusta la comida/ de doña Isabel y el doctor Arocho/ Soy de Yauco y no me corro/ mientras me pongan moro/ y yo le digo al doctor Arocho/ que cuando vuelva/ que me guarde un sancocho/. Los poetas fueron breves, en sus cuentos y poemas, yo fui el primero que de la nada vacié los versos y una mujer atravesada en entre los parpados me arrancó mi poema. Luego fue Blanca Kais con EL GIRO AZUL de sus versos, vació el corazón, de íntimos secretos.

Bismar Galán, con sus décimas cantó con Martí en los pensamientos, tomó los versos primeros y a las puertas de su poema llegó al final con Marti de cuerpo entero. A William, le dijeron NO TE PASES DE TIEMPO, leería el Quinto Infierno, empezando por el primero. Guigni fue muy breve, versos cortos pero intensos, voz de radio y seguro de sus sueños. Luego fue Yoel Báez que con su lengua amarrada a los brassier, atrapó el silencio de todos, y los jóvenes debutantes, y los ojos de los mayores, rodaron por el cuento, visiblemente emocionados. Ike Méndez vino después, cargado de raíces y cantos, trajo a los taínos, revolviendo mitos, lanzando su poema. Juan Antonio Corretjer fue evocado para que no se olvide nunca, su voz y sus poemas, su canto y protesta. Rannel Báez alborotó avispas con su slogan de borra, con su poema largo, de tantos sonidos y tantas rabias, de tanta cultura y ditirambos. Namnun fue más largo, leyó su cuento bueno, más tímido que antes, sin su flauta y sin sus sueños de músico sin dormir.

La sorpresa fue luego. Ike no lo creía, le cantaron el Cumpleaños Feliz, y los pintores le entregaron oleos con temas improvisados, de versos y cantos que ellos escucharon en la noche proclamada.

Yauco se hizo verso, la poesía estremece, la poesía tuvo la palabra, el pueblo se volcó para escuchar atento, tantos poemas, tantos cuentos, tantas voces, tantos esfuerzos.

El sur visita al sur, hermanos del Caribe, de Hostos, y Baldorioti, de Betances y Albizu Campos y Corretjer, de Julia de Burgos y su Río Grande, de Pales Matos y Pedro Mir. La noche se llenó de versos, de palomas volando a ras de corazón, María de los Milagros, en su inefable encanto ve la patria y su canción. Antonio Sajid, con sus versos y sus dramas, apunto estalla con los poemas del sur.

El Sur visita al Sur, como para encender la llama, y si el Sur se enciende, nunca su llama se apaga. 28-03-2009