miércoles, 4 de marzo de 2009

VIAJE AL INTERIOR


Por Virgilio López Azuán

"No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto.
No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia
cuanto dentro llevamos. "

Gabriel Celaya.

A cada rato estamos partiendo, la vida es un transcurrir, un fluir. El secreto de todo está en cómo se fluye, cómo conquistamos los espacios donde la vida tiene sentido. Siempre estamos echando hacia adelante, desde que nos levantamos de la cama, los pasos que damos son pasos hacia adelante, rara vez uno camina hacia atrás. No siempre se echa hacia delante en sentido lineal. El espacio circular es infinito y lleno de misterios: de los misterios del bien y del mal. Saber cómo fluir en ese espacio es la tarea fundamental del ente. Construirse es lo importante, porque construyéndose uno construye al mundo.Casi todos miramos ese espacio exterior y luchamos y pervivimos por él. En cambio hay otros lugares donde visitar, quizás más hermosos y menos remotos. Son lugares para viajar y salir fortalecidos, llenos de conquistas, con el cuerpo fuerte y la mente radiante.Viajar al interior es una aventura aereoplástica. Es allí donde suele el poeta empozarse para traer la materia prima de sus versos. Sólo desde allí puede fraguar sus propuestas literarias. Pero a ese lugar no se puede ir vacío “Hay que haber andado miles, caminos y abierto muchas veredas”, haber cargado todas las puertas y el amor y el odio del mundo para transmutarlo en versos, en palabras que fluirán como un liquido suave, portador de las mieles del oriente y los arco iris del trópico.Viajar al interior es despertar lo vivido y mezclar los misterios del querido ente para servirlos en bandejas de palabras y no dejar que cuelguen en nuestro ser como estalactitas, perdidas en el confín de la imaginación.Siempre será placentero viajar hacia adentro, para atrapar las emociones, y mantener el equilibrio en la cuerda del mundo.La experiencia que tengo con amigos poetas es sus viajes al interior se tornan atormentados o henchidos por las cosas del mundo, acuden a sus casitas mágicas internas para hacer versos.Uno me dijo una vez qué no sabía que fuerza extraña lo impulsaba a escribir y yo le dije que era la misma fuerza que impulsa diríamos a un combatiente a ir la guerra, a un jugador por ir al casino o la que nos impulsa por cortejar a una mujer cuando uno se hincha de amor. Él pensó que lo mofaba, pero no era así. Al menos ese era mi parecer.Escuché una vez el siguiente relato, no recuerdo con certeza dónde o si lo vi entre mis largas lecturas. Una persona le preguntó a otra que cuál era la diferencia entre una persona que es poeta y otra que no es poeta. A seguidas le respondió lo siguiente: Pongamos un ejemplo. Dos personas van conversado por un camino, uno es poeta y el otro no es poeta. En sentido contrario viene una señora con una batea en cabeza llena de ropa para lavar y asida de su mano viene una niña desnuda, llorosa, con los cabellitos despeinados. Al momento de cruzarse las parejas. El que no es poeta puede que mire a la mujer y a la niña y siga su conversación amena; o apenas él pueda verlas de soslayo, o quizá ni siquiera las advertiría. El que es poeta, no solamente ve a la mujer y a la niña, sino que ve la batea de ropa, el rostro de la mujer, el rostro de la niña, ve las lágrimas de la niña y dentro de una lágrima observa al mundo que viene rodando. Esa es la diferencia entre uno que es poeta y otro que no es poeta.En cierta forma este relato me puso reflexivo y quise buscar su moraleja. Estaba claro que esa no era mi concepción sobre lo que era un poeta y lo que no era un poeta. Sin embargo, como dije reflexioné y ahora que hablo del viaje al interior, cabe destacar que en ese relato el que señalan como poeta, hace un viaje, recorre con la mirada espacios corporales de la mujer y la niña, y llega hasta la lágrima de la niña, y observa al mundo que viene bajando. Es un verdadero viaje.También, el relato nos revela la importancia de la observación en el mundo del poeta; y por supuesto, el componente de la sensibilidad que aflora en uno y no en otro. En este caso, la sensibilidad por lo social.Lo que he descubierto es que al mismo tiempo que el poeta viaja al interior, de la misma manera debe hacer un viaje al exterior, ir recogido, acumulando materia prima para fraguarla, en sus crisoles. No se puede viajar al interior sin las experiencias externas. Sería un viaje en el mar sin embarcación.Pongamos un ejemplo sencillo: El poeta entra al mar de su interior, digamos como que navega en una barca cargada de lo recogido en los viajes en su exterior. El poeta navega y lanza toda esa materia prima en las profundas aguas de su ser, al cabo de un proceso de fragua, tendrá que pescar lo que ha sumergido. Podrán pasar dos cosas, que atrape lo fraguado con sus cordeles o que lo fraguado salte a su vote como lo hacen las palomitas de maíz en el caldero en una feria cualquiera. Lo fraguado serán palabras, frases, oraciones, hechas perlas, las cuales el poeta llevará a puerto para brindarlas en un poema. En un verdadero poema de carácter trascendente.Entiendo que las palabras, frases, y oraciones que saltan a la barca como diáspora, serán portadoras de auténticos efluvios poéticos, capaces de trascender al poema. Las que atrapa el poeta con su cordel, simbolizan el trabajo, el esfuerzo del poeta, en la lucha titánica para dar un cuerpo al nuevo ente, esa materia viva llamada poesía.