martes, 8 de diciembre de 2009

ESE TORO ENAMORADO DE LA LUNA




“La luna se esta peinando
en los espejos del río
y un toro
la esta mirando
entre la jara escondido”


Canción Popular

Autor: VIRGILIO LOPEZ AZUAN
LUNA, tenía su aposento en los espejos del río y por las noches le gustaba peinarse en la coqueta grande tipo colonial. Había que verla con su bata de seda negra y su pelo suelto donde la noche pronuncia palabras de elogio al cuerpo plateado. El peine se desliza entre las hebras, dichoso de viajar vagabundo entre tantos sueños extendidos.
El charco de agua era grande y sereno. En su entorno crecían lilas y candelones, que en medio de las sombras parecían fantasmas espigados cuidando el tesoro de río.
LUNA se miró una vez más en la coqueta y puso coloretes a sus pómulos de oro. Después, se miró de reojo y dio marcha atrás; era picarona y seductora, a la vuelta mostró sus dientes de perlas y sus ojos sedientos de amor.
Del otro lado TORO, el líder de la manada se había apartado del potrero y se acercó al río. Él pudo mirar a LUNA mientras hacia ondas con su bata, mostrándole al espejo toda su elegancia. TORO empezaba a enamorarse de LUNA. Desde que la vio sintió una fuerte emoción que le estremeció su robusto cuerpo. Todas las noches rondaba el río, se metía entre las ramas de eneas y candelones, mientras que en la manada ya notaban sus escapadas.
TORO no podía explicar por qué al llegar el sol, LUNA desaparecía del río y cerraba sus aposentos para que nadie la viera. Llegó a sentir celos. ¿A dónde va LUNA en el día mientras él se derrite de amor a la sombra de grandes árboles? Se preguntaba una y otra vez. Se quedaba reflexivo, cavilando en silencio mientras le subía una angustia de amor que le daba un brillo intenso a sus ojos.
Cuando LUNA se marchaba, TORO se metía al fondo del río para buscarla, pero nunca la pudo encontrar y quería saber con quien se marchaba. Él no volvió a la manada, y por el día subía y bajaba por la orilla del río, desesperado y triste.
En la manada lo dieron por desaparecido e iniciaron una búsqueda urgente. En esos días TORO no comió nada y seguía ensimismado en sus pensamientos de amor y celos. Lo encontraron hambriento y desanimado. Nadie pudo observar la profundidad del dolor de TORO. Solo se limitaron a prestarle ayuda y lo condujeron al potrero. LUNA se le apareció en la imaginación y TORO la veía con ternura y nostalgia a la vez. Nunca se había enamorado de esa manera. Ese sentimiento era superior a él y no podía creerlo. Uno como él, robusto y bravo, que con sus cuernos podía darle una estocada al cielo y puncharlo con coraje.
Él, que hasta ese momento era el líder, ahora parecía manso y débil. Todos en la manada seguían preocupados, pensaron que TORO había perdido la razón y que debían hacer algo para superar ese problema. Decidieron por ahora dejarlo tranquilo y observarlo más de cerca.
Cuando SOL empezó a ocultarse, TORO lo miró con desconfianza. Sabía que tenía un contrincante muy fuerte en esta historia de amor y haría todo lo que fuera necesario para casarse con LUNA por encima de todos.
TORO, sin saber que la manada lo seguiría para saber lo que le pasaba, salió del potrero y llegó a la orilla del río. El charco estaba ahí pero LUNA no había abierto las puertas de su aposento en los espejos del agua.
Los miembros de la manada se apostaron muy cerca para vigilar todos los movimientos. TORO se paró a la orilla para ver cuando entrara su amada. Tenía muchas ilusiones, hondas ilusiones de amor… La noche estaba nublada y nubes negras encapotaban el cielo. TORO pensó que LUNA se retrazaría, pero estaba seguro que esa noche ella se peinaría de nuevo, porque todo estaba preparado para que él le confesara su amor.
Dos horas después los espejos de agua del charco empezaron a clarear. TORO pensó en lanzarse para esperar a LUNA en el fondo del río. Pero decidió esperarla, estaba tan cansado que se acostó en la ribera y se durmió.
La manada estaba a la expectativa y se maravillaron de tanta belleza. Vieron cuando LUNA abrió el aposento para peinarse como siempre. Las hondas ruborosas del río hacían ondear su vestido de seda, mientras TORO dormía. LUNA se aproximó a la orilla y lo vio tan robusto y hermoso, pintado de amapola y aceituna. TORO no sabía que LUNA también lo miraba desde el espejo de la coqueta cuando ella se peinaba y también se enamoró de él.
TORO se despertó y LUNA estaba ahí. Una mirada de amor se cruzó entre los dos. La manada vio cuando LUNA lo invitó a que la acompañara, y desde entonces, todas las noches TORO se aparece en la orilla y se va con LUNA a disfrutar de su amor en los espejos del río.

DICIEMBRE 2009.

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